Despierta en medio de la noche asustada y agitada con la respiración entrecortada, sin resultado trata de mantener la calma y pensar, pensar, pensar….ha sido un sueño, ¿Qué ha pasado? No entiende…la agitación aumenta y de repente se levanta de la cama y corre a la ventana y la abre de par en par sintiendo el aire fresco de la noche, cierra por un segundo los ojos sin poder contener esa lagrima que escapa y se avienta…
Trata de abrir los ojos, no puede…trata de volver a pensar qué acaba de pasar, todo y luego nada, todo antes al mismo tiempo, todo se rompió, oyó el hueso quebrarse, oyó la sangre que se agolpaba en la cabeza, oyó como se rompía su pecho, deseó llorar, gritar y enloquecer pero de pronto, nada…
No le cuesta ya respirar…nada…no ha cambiado nada a su alrededor y a la vez ha cambiado todo, la frágil envoltura pasada ya no está, no siente la debilidad de los huesos, ni la angustia en su pecho…nada…se levanta de entre sus propios escombros y camina, ya no hay porque correr, camina hasta el amanecer y regresa a su casa, entra al baño y no se reconoce en el espejo, ha cambiado tanto desde la última vez, el día despunta y empieza a maquillarse, se maquilla la piel, los ojos, la boca, las manos y el hueco en el pecho mientras se repite “No hay nadie más dura que yo”
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