domingo

Sara

Sara pone un pie en la calle, se asoma a ambos lados esperando encontrar a alguien que aún no conoce, tiene 33 años pero siente que son el doble, sus largas piernas en tacones rematadas en vistosas plataformas de plástico transparente hacen que su minifalda se vea aún más pequeña, de colores metalizados y llamativos, ese es su propósito, llamar la atención. Usa una ligera y barata playera de tirantes muy fuera de lugar para el viento casi congelante de Chicago que hace ondear su larga y forzada rubia cabellera que ha lavado ese día, no quiere ensuciarla, espera que hoy no haya un cliente decidido a hacerlo. Sara toma su lugar a lado de las mujeres tan llmativas como ella, tan necestitadas como ella y tan cansadas como ella. Sin esperanzas y llena de tristezas sonríe al auto que se aproxíma por la calle.

*flexiona una pierna y recarga su brazo contra el toldo del auto, tuerce una sonrisa y espera a que baje la ventanilla, baja* ...hace mucho frío para estar solo ésta noche guapo *sonriendo con picardía* qué puedo hacer por ti? O contigo? Te puedo ofrecer diferentes precios, sabes? Aquí en tu auto, por horas, puedo incluso quedarme contigo toda la noche, claro por más dinero y tu pagas el hotel...también puedo hacer LO *insinuante* que quieras por otro precio, claro...*sonríe coqueta y maliciosamente mientras pasa su chicle de un lado a otro en su boca* ...bueno, decídete...o no me hagas perder mi tiempo, el tiempo es oro, sabes? *frotando sus dedos índice y pulgar*

La puerta del auto se abre sin que ningún rayo de luz delate a su ocupante. Sara sin dudarlo y acostumbrada a eso entra en el confortante y cálido auto, cierra la puerta y se activa el seguro inmediatamente, cuando gira para ver el rostro de quién la ha contratado, su estudiada sonrisa se desvanece transformandose en un instante en una mueca de terror e instintivamente su mano vuela a la manija pero sin efecto alguno, no abre, desesperada frocejea con ella, tira de ella, enloquece, se rompe una uña dolorosamente sin prestarle impotancia alguna, el pánico crece dentro de ella y su futuro se le apetece incierto y sin duda doloroso, como jamás imaginó en su vida. El auto arranca haciendo chillar las llantas, dejando como única prueba de su existencia las huellas marcadas sobre el pavimento...

2 comentarios:

Wadi dijo...

el manejo de la sicología hace de esto...algo..wow...*tratando de encontrar palabras* la forma en la que...lograste *concentrando* si sabes?? No meece menos que la Palma de Oro de Canes...simplemente sublime...

María del Anonimato dijo...

Mi estimada E. qué buena narración. Me encantó!!! El comienzo arranca con muchísima fuerza y lo mantienes a lo largo de las acciones. Quiero seguir leyendo!