domingo

1915


Es posible que en el mundo existan de hecho las señales o coincidencias, como se les quieran nombrar, o tal vez "el que busca encuentra" y solo hay que buscar mejor, a años de distancia, a kilometros uno de otro, sin saber en que punto y bajo qué cirunstancias se conocerían, Elvira ignoraba que no solo comenzaba la I Guerra Mundial o que Einstein planteaba la Teoría de la Relatividad, que de hecho ese año sucedían grandes eventos en la historia de la humanidad o siquiera que existía un pueblito llamado Orizaba, donde entre dolores de parto y escaces lloraba un niño al nacer.

¿Qué nombre ponerle? Le decía José a su esposa María, Jesús no, sería una blasfemia y hay que respetar ante todo, es así como José Ruiz Ruiz y su esposa María Sánchez Sánchez decidieron que debería llamarse José - "José Domingo Filogonio porque nací ese día y el santoral decía que así debía llamarme"- decía mi abuelo muy orgulloso. Entonces cada 20 de Diciembre celebrabamos -" el día más importante del año"- Es difícil hablar de él porque hablaba tanto y tan poco a la vez, contaba historias a medias porque dolían tanto que no podía terminar, supe que tuvo una hermana, Josefina, y supe a medias que un día de lluvia al ir corriendo papá con ella en brazos la apretó tan fuerte por no resbalar que rompió una de sus costillas y perforó su pulmón y murió, no se le pregunta a José por su hermana, siempre la extrañó demasiado.

Creció dándole cariño y protección al fantasma de una niña que creció con él, la hizo vivir sus experiencias, la llevó con él cuando se mudó a la capital, la hizo elegir una carrera y quién sabe con quién se hubiera casado. La llevaba consigo cada mañana a la escuela con sus libros atados con un cinturón echados a la espalda, pateando piedras esperando retrasar la llegada al salón porque -"el profesor era amigo de mi papá y me tenía el ojo echado, si platicaba con mi amigo se acercaba como gato y de la patilla me levantaba hasta quedar de puntintas o me daba un pellizco de monja"- y yo le preguntaba -"y esos como son?"- -"así" y me daba un pellizquito bajo el brazo que deja punzando un par de horas mejor iba ideando la travesura del día, tal vez nadar en las bodegas de café donde "podías sumergirte por completo y al salir toda la ropa olía a café y al llegar a casa mi mamá me daba con el cinturón, no porque hubiera ido al cafetalero, sino por mentiroso, por decirle que no había ido mientras el olor me delataba, me gustaba como olía pero nunca me ha gustado el café"-.

Eran tiempos peligrosos, lo obreros de Río Blanco -"andaban de revoltosos"- decía mamá María, y habiendo perdido un hijo era mejor cuidar el otro y tanta lucha había dejado todo hecho un desastre. José vió por primera vez un muerto cuando tenía 7, venía de la escuela saltando en los charcos y tropezó con un hombre en la banqueta, tenía la cazadora manchada de sangre, a él no le dió miedo, sabía que eso era cotidiano, pero nunca le había tocado ver de cerca y más que miedo le dió curiosidad, se acercó y descubrió que no hay cosa más terrible que ver los ojos de un hombre agonizando "y ver en sus ojos la certeza de que va a morir" y por curioso y aventurero no pudo dormir durante meses, despertando a media noche perseguido por la intensidad de esos ojos fijos en los suyos y esa boca supurante balbuceando sin sentido.

No sabía que sabía tan poco de él y es que lo conocí tan bien, lo conocí más que nadie y me enseñó todo lo que sé, tal vez dedicó todo su tiempo a enseñarme cómo ser.

1 comentario:

Anónimo dijo...

las fotos están de wbos!