lunes

Siempre recordaré el día en que morí...el campo abierto donde he de encontrarte cada vez sin razón...


Hay muchas maneras de morir y la mía tan solo es la más sencilla, como sencillez es lo que ha hecho falta en mi vida desde el día en que nací...ese día llovía tan fuerte que el agua traspasaba cualquier rendija de las ventanas cayendo en hilillos por ambos lados, la lluvia caía y las ventanas lloraban. No, la verdad no llovía, la verdad era de mañana. Aún no llegaba el invierno que nunca ha sido muy crudo en esta parte del mundo, pero ya había pasado el otoño, mi época del año favorita, o sea, no era ningún día especial para nadie y menos en donde nací, un pequeño lugar custodiado por monjas de una orden que no recuerdo aunque visité el lugar muchas veces más después de ese día. Ese día nacimos dos personas, yo y un niño desconocido de nombre desconocido que nació apenas unas pocas horas antes, al cual he considerado siempre mi verdadera alma gemela que algún día, si el destino existe, he de reencontrar. Ese día cuando desperté me encontraba ya en un mundo que sabía no me iba a gustar, quien debía estar esperándome no me esperaba y a quien debía encontrar no encontré y a quienes no debía de conocer si no hasta algún tiempo después…ahí estaban, sonriéndome y formando un cariño que nunca debió existir, que ningún tipo de lazo o vinculo generó, simplemente nos encontramos y como quien dice “nos caímos bien”

Caray, cómo puedo no adelantarme en mi relato habiendo tanto que quiero decir y teniendo tanto temor de olvidar cualquier cosa que sí sea relevante pero que no lo sepa aún y entonces!!...uuhh… cuanto que decir y que poco tiempo para hacerlo…ey…esperen, tengo toda la eternidad para contar mi relato, no es así? Así que me tomaré con calma este asunto, tomaré un café, encenderé un cigarrillo y trataré de ponerle un orden a las ideas…eso del orden nunca ha sido realmente mi fuerte, el orden fue hecho para personas que tienen un camino trazado, saben donde están y a dónde quieren llegar…yo sé que me gusta el queso y el viento colándose entre mi cabello.

La vida es un gran libro hecho de capítulos, ninguno de ellos terminado, historias entrelazadas, secuencias de otras e inicio de historias ajenas, cada capítulo podría resultar en un cuento de laberintos abiertos y sin fin. Estos pequeños cuentos o relatos están dedicados a los recuerdos, a los olvidos, a todo aquello que fue pero que por alguna razón no están en mi memoria, porque sé que existieron y tuvieron su importancia, pero de tan importantes fueron a hacerle el momento a alguien más, y es por eso que no los recuerdo

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